SIGUEN BRILLANDO ¡CON 50 AÑOS ENCIMA!

Bueno, en realidad, han sido los protagonistas de los últimos 50 años. Y con una sencilla ecuación: el culto a la simplicidad elegante, el mismo que hizo de la costura francesa y en especial, de la mítica aguja de mademoiselle ‘Coco’ Chanel, inmortales evangelios del estilo.

Así como la dupla infalible de la maison de la doble C, el sinónimo de la sofisticación: el blackandwhite, los santos griales de la cultura sneaker han hecho del blanco y el negro y de la limpieza de sus cortes de un minimalismo exacerbado sus más agudas armas para capotear los ires y venires subculturales, políticos, sociales y aun, económicos.

Se trata de los Superstar, los #zapatosdegoma que han marcado el paso durante medio siglo y que, por estos días en los que los listados, rankings, tops diez y cincos, etc. son publicados por doquier y con cualquier tipo de clasificación de los productos, tendencias, actitudes, canciones, libros, olores, sabores y ‘losquesean’ más importantes de la segunda década del siglo XXI,  no podíamos dejar pasar los personajes que nos importan a los amantes de #lavidaentenis: los #zapatosdegoma más importantes de los últimos 10 años. Sin embargo, nos pareció bastante sesgado hablar de estas joyas de la corona bicéfala francoalemana como los hitos de la década que acaba de cumplirse; ellos merecen un título nobiliario de larga data, que conmemore su liderato sociocultural (y, claramente, mercantil) durante las últimas cinco décadas.

Elegánce de París (o mejor, de Francia)

No exageramos al decir que desde su momento cero, cuando apenas fueron concebidos por Horst Dassler (hijo de Adolf ‘Adi’ Dassler, fundador de adidas) en Francia como un ‘humilde calzado atlético’, los Superstar han sido un éxito rotundo; ¿la razón? sus conexiones hisóricas y su elemental ecuación técnica de suela caparazón de espiga, SOFTPROTECT acolchonado que protege a la región del tendón de Aquiles y su capellada desarrollada en dupla creativa entre los expertos de adidas Alemania y Francia; mientras los primeros aportaron el upper de cuero y las tres rayas laterales, los segundos revolucionaron la industria deportiva con su puntera de goma, o shelltoe que se abrió campo como arma protectora de cualquier tipo de golpe o impacto.

Foto de época, durante el proceso de fabricación de los Superstar en Alemania.

La fabricación de estas leyendas atléticas y no atléticas también fue potestad exclusiva de los talleres que la compañía abría en Landersheim, Francia hacia finales de los años sesentas, cuando Horst empezaba a tomar las riendas y a expandir el negocio de su padre fuera de Alemania, y a perpetuar la competencia eterna con su hermano, el tío Rudolf Dassler, fundador de PUMA.

adidas Superstar: un descubrimiento fortuito

Con el corte couture, los Superstar se erigieron en una especie de alta costura para pies. Sin embargo, fue gracias a la visión del hijo de ‘Adi’ pues él fundó su emporio deportivo inspirado y movido por una generación de atletas alemanes adscritos a la pista y al campo, al fútbol y a los deportes de invierno. Asimismo, Adolf también creó algunos #zapatosdegoma ‘especiales’, para ciclistas, boxeadores y tenistas; la herencia nórdica de la marca y el nicho del mercado del baloncesto dejan muy claro que los tableros y el parquet no estaban contemplados en el plan original del gigante de las tres rayas.

De ahí que los desarrollos de ‘Adi’ para los basquetbolistas fueron bastante aleatorios y cero pretensiosos. El primero de ellos data de 1949, el Basketballstiefel, cortado e cuero de alta resistencia (Trainingsstiefel); posteriormente, en 1965, cuando el sello llegó a Estados Unidos, lo hizo a bordo de los Supergrip y del Pro Model Ball Shoe (de corte alto); todos estos predecesores de los Superstar abonaron el terreno con su silueta minimalista y su suela con labrado de espina de pez (garantía de tracción ante los abruptos cambios de dirección), pero carecían de la legendaria puntera de caucho con forma de concha que llegaría en 1969, por iniciativa de los expertos franceses que sugerían este poco convencional aditamento, como detalle de protección para los dedos y la zona metatarsiana de los pies, ante los sucesivos impactos habituales en el parquet.

Pero, como el baloncesto no era merced de los alemanes ni de los franceses, adidas se enfocó en su nicho, en el pastime eurocéntrico es decir, el tenis de campo y el soccer; y si en sus jugadas de rápido comienzo y rápida pausa funcionaba la idea de una tapa para los dedos, ¿por qué no funcionaría también para otros deportes de carrera y pausa, como el basquetbol, el juego del otro lado del Atlántico?

Chris Severn, la estrella detrás de la diáspora cultural de adidas Superstar.

Sin embargo, el responsable de descubrir la necesidad de los jugadores estadounidenses no fue, precisamente, alguien del equipo de diseño de la compañía de las tres rayas. Fue, naturalmente, un estadounidense, Chris Severn, ejecutivo y distribuidor de adidas en Norteamérica quien tenía un amplio conocimiento del basketball y, tras analizar que desde 1900 los #zapatosdegoma que usaban los jugadores en el tablado no evolucionaban la elemental, ya anticuada y poco segura dupla de lona y caucho vulcanizado, vio allí una oportunidad para adidas.

Pies, ¡a la obra!

Severn, Horst y los expertos franceses se unieron para anotar en el tablero de su contrincante número uno: Converse All Star que, desde finales de 1800 (cuando nació el deporte en Estados Unidos), dominaba el court. De ahí que cuando Severn se dio a la tarea de ir de gimnasio en gimnasio por todo el país –mientras Converse ya tenía una robusta avanzada de vendedores y maquinaria comercial–, mostrando  el revolucionario diseño de capellada completamente de cuero de alta resistencia , suela y puntera de goma inyectada con poliuretano y un diseño de espina de pez por debajo, y convenciendo a los entrenadores y jugadores de los equipo, tanto de las universidades de la Ivy League como de las grandes ligas  profesionales, para que probaran las tres rayas.

“Ellos llevaban todas  sus vidas jugando en lona. Los Superstar les parecieron completamente extraterrestres. Inclusive, no recibían ningún tipo de dinero de Converse, por usarlos; era simplemente un hábito”: Chris Severn, en el libro Sneaker Wars.

Al ser una tradición y casi muestra de estirpe, los basquetbolistas y los dirigentes de las selecciones se oponían a darle una oportunidad al producto europeo, a pesar de las continuas fracturas en los tobillos y las rodillas de sus jugadores, debidas a la inestabilidad del upper de lona y al poco agarre de la pesada suela de caucho vulcanizado. El primero en darles un chance a las súper estrellas fue Jack McMahon, el entrenador de los Rockets de San Diego (California), quien fue receptivo a las condiciones de estabilidad, ligereza, seguridad y confort del producto que llevaba Chris en su maletín, pues tres de sus mejores jugadores estaban lesionados y él estaba convencido que la causa estaba en la base: en los #zapatosdegoma.

El mito del parquet

No obstante al repasar las estadísticas históricas, los Rockets no era el equipo más poderoso de la época. Apenas en su tercera temporada en la NBA, la de 1969-70, acumulaba derrotas continuas en semifinales. Pero, cuando los jugadores a bordo de los Superstar asistían a sus partidos contra diferentes equipos top de la liga, daban a conocer las tres rayas y el shelltoe, refrescando la audiencia de los novedosos #zapatosdegoma. Asi los jugadores de los demás equipos se sintieron tentados a avanzar la lona y el caucho vulcanizado. Inclusive, varias estrellas de los Celtics, de Boston –campeones de la NBA en 1969– pisaron fuerte en 197o, con sus Superstar.

Severn empezó a recibir llamadas y pedidos de jugadores de diferentes equipos; en 1970, el segmento del basquet le representaba a adidas el 10 por ciento de sus ventas totales y, tras cuatro años de trayectoria en el parquet, el 85 por ciento de jugadores profesionales encestaban enfundados en las tres rayas.

Ante la amenaza francoalemana, Converse quiso asegurar su liderato, pagándoles  jugosas sumas a la estrellas profesionales del momento para que usaran sus All Star. Pero no fue suficiente y en 1970, el sello de las Chuck Taylor cayó en una severa crisis financiera y pidió tiempo fuera del segmento de alto rendimiento deportivo. la tabla de posiciones quedó así: adidas: 100, Converse: 0; en solo dos años, el sello europeo no solo cavó un nicho que desconocía por completo, sino que derribó un mito de 70 años de trayectoria y además, se dio el lujo de debutar, en 1976, en el juego del endorsement pagándole 25 mil dólares  anuales a la máxima estrella del baloncesto de la ópoca, Kareem Abdul-Jabbar, de los Lakers, quien fue el primer y único basquetbolista contratado por la compañía.

A finales de la década y en albores de los años 1980, en plena era del Slam Duck, las condiciones físicas y los requisitos de los jugadores evolucionaron el juego del basquetbol y por ende, la indumentaria. Más poderosos y dinámicos, los profesionales justificaban diseños más extravagantes y tecnológicos y, cumpliendo el ciclo de la evolución natural, se esperaba la retirada de los Superstar de las grandes ligas. Pero su destino en las grandes ligas del glamur apenas empezaba a revelarse, gracias al Hip-Hop y al skateboarding.

Hip-hop y skate

En los ochentas, los b-boys desataron un frenesí por los #zapatosdegoma que, se creía, entraban en su ocaso pero que, por su cruda estética y resistencia, preconfiguraron el estilo de la cultura naciente del Hip-Hop. La suela y puntera de goma inyectadas con polituretano (que con el tiempo se ponían amarillentas por el impacto de la luz ultravioleta sobre el relleno de arcilla y carbonatos de calcio y de magnesio), así como los cordones gruesos combinaron a la perfección con las cadenas de oro, las chaquetas de cuero y las lengüetas destacadas de los Run D.M.C. quienes no vacilaron al escribir una oda de romance a las Superstar, ni al incluir este sencillo titulado ‘My adidas’ en su mundialmente exitoso disco Raising Hell.

 

Durante el concierto de Run D.M.C en Times Square, en Nueva York, los asistentes alzaron sus manos sosteniendo sus Superstar.

Si bien, la salida de estos #zapatosdegoma del parquet a las calles era crónica de un éxito anunciado, en especial en la costa este de Estados Unidos (debido al prestigio que encarnaban unas zapatillas elaboradas por una marca europea, pisando fuerte sobre su contraparte americana) el llamado de los raperos a los miles de asistentes a su concierto en Madison Square Garden para que alzaran sus manos con sus Superstar en ellas, reafirmó el culto y el estatus de estas como símbolos del estilo de vida más relajado y aspiracional.

Run D.M.C. a bordo de sus Superstar.

De este modo, en el cruce del centro de Nueva York y sus distritos exteriores en donde el arte, la música y la cultura callejeras  convergieron a principios de 1980, las Superstar florecieron en sus duplas de fondo blanco y tres rayas verdes, azules, rojas y las más clásicas de todas, blanco sobre blanco (favoritas de los b-boys, puristas acérrimos de la estética old school que a finales de los ochetas contrastaban con la brillante estirpe de los nuevos astros del rap) , siendo el mito fundacional de un movimiento urbano que, de forma indirecta, también seguía la tendencia del fetichismo hacia las marcas, fortaleciendo la doble vida de la silueta alemana que trascendió  el segmento del alto rendimiento y, al paso de los Run D.M.C. redefinió la industria del entretenimiento al firmar, con la banda, la primera alianza comercial entre un sello deportivo y una agrupación de contracultura juvenil. Así, los Superstar fueron pioneros en el hall de la fama de la cultura pop.

A finales de los años setentas, la Superstar llevaban el logo dorado sobre la lengüeta. Para inicios de los ochentas, los #zapatosdegoma llevaban las rayas en cuero y fieltro y un contorno más relajado, ajustado al nuevo mercado conquistado: el estadounidense. Esta es la versión más preciada y valorada por los puristas y coleccionistas del movimiento sneaker. 

Con el streetwear en el bolsillo y el cambio de década en la mira, gracias al tejido que tramó el Hip-Hop y a los experimentos sonoros de Run D.M.C con el rock y el rap, estos míticos #zapatosdegoma encajaron a la perfección en la indumentaria XXL, las billeteras de cadenas y las barbas de chivo propias de las nacientes estrellas de Nu-metal (movimiento cultural asociado a este nuevo género musical que fusionó hip-hop. rock, grunge y funk), como Korn –inicialmente, usaban adidas Superstar; luego, hacia mediados de los noventas viraron hacia la fiema hermana, Puma), que fue rápidamente apropiada como símbolo de pertenencia de los osados del Flip-Trick.

Nuevos héroes de culto le dieron la bienvenida a la década de 1990. El skate callejero hizo de las suelas planas  y las tres rayas de las Superstar, las imprescindibles de cualquier video que se preciara digno de la cultura de las tablas y las ruedas. Nuevamente, adidas se apuntó otro punto a su favor al firmar con la estrella y creador de este deporte urbano, el californiano de ascendencia mexicana Mark Gonzáles, quien integró el equipo de skateboarding del sello alemán, haciendo de la relación entre los Superstar y los movimientos culturales que han revolucionado el zeitgeist, algo contractual.

Colaborar, el destino

Las co creaciones con personajes reconocidos (bien sean re-evolucionarios, creativos, símbolos de una generación o, simplemente, seres disrruptivos), han pisado fuerte en la escena del diseño, la moda y el estilo desde mediados de los años 2000; adidas no ha sido indiferente al zeitgeist y, con el toque de diferentes estrellas que brillan desde movimientos artísticos, culturales y hasta políticos , adidas ha sabido mantener vigentes a sus santos griales, aun pisando el medio siglo de trayectoria.

Los Super Ape Star, codiseñados por A Bathing Ape y adidas Originals, en 2003.

La primera de estas alianzas estéticas llegó en 2003 de la mano de Tomoaki Nagao, ‘Nigo’, mejor conocido como el mono de la industriaquien en 1993 fundó su sello A bathing ape (BAPE, algo así como el Supreme oriental) en su natal japón, erigiéndose pionero del  streetwear nipón. Entonces, bajo la consigna ‘el respeto es mutuo’, Tomoaki codiseñó cuatro versiones de las Superstar involucrando sus elementos gráficos distintivos, como la cabeza del primate y los estampados alusivos a las pieles animales y el camo print. Sin embargo, el purismo estético fue el evangelio de esta primera alianza creativa; con pieles con el croma del cuero original de las primeras zapatillas elaboradas en Francia en 1970, y poniéndole un tinte de vainilla a la suela y el shelltoe dando la impresión vintage de los #zapatosdegoma trajinados, Nigo y adidas le rindieron tributo a la mutua legitimidad garantizándole larga vida a esta silueta.

La suela y puntera (shelltoe) originales de la Superstar estaba hecha de goma inyectada con poliuretano. Esto significa que la goma era suave y no se marcaba, pero el relleno de arcilla, el carbonato de calcio y el carbonato de magnesio de pondría duro y amarillento con la luz ultravioleta y se quebraría con el tiempo. Como cualquier amante de los #zapatosdegoma que tuvo un par y lo vio trajinar y disolverse en sus pies o en la caja, puede atestiguar este fenómeno. De ahí que una goma más pura fue empleada en estos ‘revolucionarios’ (en su momento) aditamentos a comienzos de 1990. 

Dos años más tarde, para el 35 aniversario de los Superstar, el sello alemán estrenó el proyecto SS 35: 35 años-35 zapatillas colaborativas. Como era de imaginarse, el diseño número uno fue un tributo a Adi Dassler, incluyendo su rostro grabado en el talón de las clásicas de todos os tiempos, las white on white; a continuación, 33 modelos con las insignias estéticas de Andy Warhol, adicolor, Disney, Project Playground, Run D.M.C., Ian Brown, Red Hot Chilli Peppers, Missy Elliot, Underworl, y la lista de creativos multidimensionales cerró con el par número 35, el más exótico: elaborada en cuero cien por ciento, desde la capellada hasta la suela, y en una serie limitada exclusiva como premio para los más consagrados cazadores de tesoros, fueron entregadas en un ostentoso cofre blanco con detalles dorados que contenía, además, un exquisito kit de limpieza igualmente refinado al contenido de la caja.

Posteriormente llegaron las co creaciones con Pharrell Williams, los Beastie Boys y otros talentos disrruptivos mundiales que reciben el testigo de la cultura sneaker, garantizando que abra Superstar para largo rato, expandiéndolas más allá de un pequeño grupo de fanáticos y coleccionistas acérrimos hacia un culto digital global.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede gustar: