REEBOK CLASSIC CELEBRA EL COLOR

Reebok inventó el producto correcto en el momento correcto”, lo asegura el mismo Tinker Hatfield en el documental de Netflix,  Abstract: The Art of Design. Y que lo diga él, es más que un simple cumplido, pues se trata de uno de los más revolucionarios diseñadores de #zapatosdegoma; en su medallero reposan orgullosos los míticos Nike Air Max y los Air Jordan, también del sello del swoosh.

No obstante su inmenso talento y el éxito amasado no solo por Nike, sino también por el otro peso pesado de la industria, adidas, hubo un momento en la evolución del movimiento  sneaker en el que tanto el sello de Oregon como el alemán tuvieron que dar un paso a un lado ante el fenómeno desatado por Reebok, el sello fundado en 1895  al norte de Inglaterra por Joseph William Foster y que apenas hasta 1978 empezó a ser distribuido por Paul Fireman hacia Norteamérica, Canadá y México.

Como si se tratara de una compañía con varios años de trayectoria en el mercado estadounidense –inclusive, fundada en terreno yanqui– solo le tomó 24 meses a Reebok pisar fuerte a este lado el Atlántico; la década de 1980 fue la arena perfecta para competir por el liderato en la industria deportiva al tener una sociedad sumergida en el culto al cuerpo, en un mercado accionario dominado por los Yuppies (altamente consumistas y preocupados por su apariencia física) y mercenaria de la bonanza financiera de la era Reagan.

Mientras adidas y Nike ya habían crecido desde 1970 al enfocarse en el baloncesto y el atletismo al paso de los astros olímpicos de las canchas y las pistas –quienes, valga decirlo, sacaron de sus entrenamientos a sus #zapatosdegoma de alto rendimiento, creando un nuevo universo: el sportswear o lifestyle –, Reebok creó una moda y una técnica de entrenamiento más democrático, divertido y sexi: el aerobic.

“Reebok inventó el calzado de aeróbicos, una cosa nueva; tenían el producto correcto en el momento correcto. Y superaron a Nike en tamaño”, agrega Hatfield. 

Del Freestyle al Classic

Con tal fiebre por el ejercicio, a la vez que se atomizaban los gimnasios y clubes de fitness, adidas y Nike seguían imbuidos en su lucha por el más vanguardista; desde piezas removibles para un ajuste personalizado hasta bolsas de aire encapsulado para mayor amortiguación, los dos emporios continuaban en su lucha por un modelo de negocio masculino que ignoraba el creciente mercado femenino, amante de las clases coreografiadas que a mediados de los ochentas superó los mil millones de dólares, apoyándose de los videocasettes de VHS con sesiones de aeróbicos guiados por Jane Fonda y en la nueva saga de celebridades musculosas, forjadas en los gimnasios.

Este ‘lado B’ del fitness fue tomado en serio por Ángel Martínez, el representante de ventas de Reebok de California quien quiso establecer una especie de dresscode introduciendo unos #zapatosdegoma de cuero flexible, forrados con nailon y con texturas de toalla, especialmente diseñados para mujeres; así nacieron los legendarios Freestyle en 1982 que rompieron récords en ventas tanto en su vertiente Lo (rozando el tobillo) como Hi o de botín con soporte de doble hebilla de velcro.

Los Freestyle Lo, ideales para coreografías y ballet .
Los Freestyle Hi, emperadores del aeróbic y la calle.

Pero el creciente número de hombres entusiastas del running urbano (en su mayoría, yuppies) demandó una referencia especial para sus entrenamientos que, conservando el linaje de los Freestyle de cuero, fueran aliados del rendimiento atlético. Fue así como en 1983, Reebok estrenó los Classic Leather (desde su nacimiento, el pedigrí de vigencia eterna fue pronosticado), que desafiaron el status quo del mercado –volcado a la gamuza y el nailon liviano– mediante una capellada de piel y una silueta digna de una masiva audiencia unisex y consciente del estilo.

Así se veían los primeros Classic Leather, para los nuevos amantes del running.

En 1986, Reebok no solo era ya una empresa estadounidense (en 1984, Fireman se la compró a los Fosters), sino que era la marca líder de #zapatosdegoma no solo por su enfoque de clásicos hechos en piel o por  sus prendas multiusos, sino por ser símbolo de pertenencia a diferentes subculturas juveniles e, inclusive, mafias neoyorkinas (la elegancia blanca impoluta del calzado deportivo de cuero de Reebok era imprescindible en el armario de John Gotti, jefe de la mafia de Nueva York). Entonces, la competencia con Nike y adidas de intensificó pero tomando un tinte más tecnológico; se avecinaban los años del aire visible del swoosh y de la válvula de ajuste personalizado, The Pump, de Reebok. No obstante, la industria empezó a ceder ante los artificios hípercoloridos y de neón del marketing, y siguiendo el culto al exceso rendido por la industria de la moda, a mediados de los ochentas, el classy y la sobriedad británicas que legaban las capelladas de cuero monocromático de Reebok empezaron a perder fuerza. 

Su majestad: el nailon

Si bien se trataba de unos #zapatosdegoma muy atractivos por su estética y que, precisamente, se posicionaron en el mundo al satisfacer a los y las amantes del estilo, los Classic eran unas joyas de la corona del running, ante todo, pues tenían corte bajo, entresuela en EVA (era el polímero más avanzado para la época) recubierta con suela de goma, un sistema de protección contra golpes de doble densidad para garantizar la estabilidad , además de salidas de aire bastante avanzadas para la transpirabilidad.

De ahí la importancia de mantener viva su ecuación de rendimiento, practicidad y clase; en 1986, Reebok le apostó a actualizar la capellada de sus clásicos siguiendo el zeitgeist tecnológico mediante el empleo de nailon, dando lugar a los Classic Nylon, igualmente veloces, ergonómicos y clasudos, pero más ligeros y asequibles para los corredores urbanos.

Tras una breve pausa entre 1988 y 1990, en el otoño del 91 fue relanzado este diseño como lo conocemos en la actualidad, con su mezcla de materiales (nailon, gamuza y cuero) y versatilidad innata, legada del street style de los ochentas.

Celebración del color

La nueva gama de colores de los Classic Nylon, creada a partir de los archivos de pigmentos de Harvard.

Por estos días, Reebok vuelve a pisar fuerte a bordo de su santo grial del running de la vieja escuela. Los Classic Nylon celebran el color esta temporada primavera-verano 2019 mediante su nueva apuesta tonal, inspirada en las más de 2500 muestras de pigmentos preservados durante 100 años en el laboratorio de pigmentación de la Universidad de Harvard, y que provienen de sedimentos, especias y objetos arqueológicos.

Este invaluable recurso creativo para la comunidad artística mundial, como es el archivo de pigmentos de Harvard, estará al alcance de nuestros pies en este relanzamiento de la silueta clásica del running de Reebok, que se convierte en la quintaesencia del movimiento sneaker retro al conjugar tecnología (evidente en la ciencia detrás del desarrollo de color de cada referencia y sobre todo, en lograr una aplicación uniforme en diferentes superficies como nailon, tela, gamuza y cuero) y fidelidad a la referencia original, aliada a la calle . 

A nivel mundial, encontramos los Classic Nylon en una gama de seis colores (azul eléctrico, rojo coral, verde cítrico, amarillo mostaza, violeta, esmeralda y blanco) que contrastan con las emblemáticas rayas laterales blancas que le rinden homenaje a su herencia. En Colombia ya podemos encontrar estos clásicos en cuatro colores: rojo, azul, blanco y morado. 

 

 

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